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Podología infantil: qué saber

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Podología infantil: qué saber

La podología infantil es tal vez la sección más importante de este sector médico. Y es que, durante los primeros años del desarrollo del niño, es necesario que todo en su organismo funcione como debe para que se convierta en un adulto saludable y pleno.

Así pues, los pies son partes del cuerpo vitales para el niño. Empieza jugando con ellos, luego sigue el gateo y a partir de los 11 o 12 meses ya hace sus primeros pinitos intentando caminar.

Así pues, te debe quedar claro que los pies son clave en el desarrollo infantil. Pronto, además, los peques comienzan a andar, y es necesario que se acostumbren a ir calzados, a poner bien el pie sobre el suelo y a disponer de la pisada adecuada para que un posible problema no se enquiste y pueda desarrollar otros trastornos en el físico de los chicos.

La prevención en la podología infantil

Si bien la podología en niños actúa en diversas direcciones, consideramos una clave y muy importante la de la prevención. Para aclarar este punto, analicemos ciertos datos.

El 10% de las visitas que se realizan al podólogo son para el cuidado y tratamiento de trastornos en niños. Además, a esta cifra hemos de añadir que el 70% de la población adulta tiene problemas en los pies, muchos de ellos procedentes de la infancia.

Por todo ello, debemos afirmar que prevenir problemas durante la niñez es clave para un desarrollo óptimo y una transición a la madurez adecuada sin que se presenten problemas en esta parte básica del cuerpo humano.

De ahí que los podólogos infantiles hagan tanto hincapié en la necesidad de prevenir. Las futuras patologías, tarde o temprano, acaban por aparecer. Algunas de ellas son congénitas, otras genéticas y hereditarias, muchas fácilmente evitables con una salud adecuada y unos hábitos que faciliten el correcto desarrollo del pie infantil en su paso a la mayoría de edad.

Y es que la prevención en el pie de un niño va mucho más allá de observar que no haya problemas de desarrollo concretos. Por ejemplo, es importante también ayudar en la elección del calzado que se adecúe a las necesidades del pequeño según su nivel de desarrollo del caminar, del gateo o del pre gateo.

En todo ello conviene contar con la ayuda profesional y el consejo del podólogo infantil. Pues elegir un calzado, por ejemplo, tiene que tener en cuenta la sensibilidad de la planta del pie del pequeño, su capacidad para interactuar con el entorno, etc.

La primera visita al podólogo

Entonces, ¿cuándo debería un niño ir al podólogo por primera vez? Sin duda, conviene, como hemos comentado, no esperar a que el problema aparezca. Es interesante que, con unos meses, tanto si vemos algo que podría ser preocupante como si no, que un profesional asesore de forma adecuada para el correcto desarrollo de los pies del niño.

Así pues, si el profesional descubre algún tipo de problema en el pie del niño, tendrá que comenzar con el tratamiento en base a plantillas o similares para que, en la edad adulta, las afecciones no se ramifiquen y se compliquen.

Los dolores habituales

Es común que los padres no detecten problemas en los pies de los niños hasta que no cumplan los 3 o los 4 años. Ahí es cuando se pueden empezar a observar pisadas inadecuadas, arqueamiento de las piernas, caminar de puntillas, etc.

En el momento en que se descubren estas situaciones, es común consultar con el médico de familia que, según lo detectado, remitirá el caso al traumatólogo infantil o bien al podólogo.

Sea como fuere, es clave la detección temprana. La podología pediátrica puede encontrar soluciones múltiples para toda clase de problemas. Desde la corrección de marchas erráticas hasta el descubrimiento de posturas inadecuadas, muchos trastornos se pueden solucionar con la aplicación de plantillas y, en casos más extremos, con intervenciones quirúrgicas.

Uso de plantillas y otras dolencias

Es común encontrar en los niños ciertos problemas podológicos habituales. Por ejemplo, los pies planos, los pies cavos, las piernas en paréntesis o en cruz… Todos ellos son afecciones que se pueden ramificar según el pequeño se va desarrollando, pudiendo promover otras patologías futuras en otras partes del cuerpo, como la espalda, la cadera, la rodilla, etc. En cualquier caso, son en su mayoría afecciones relativamente sencillas de tratar que, en multitud de ocasiones, implican el uso de plantillas para que el pie se vaya corrigiendo poco a poco.

Sea como fuere, ahora que sabes cuándo acudir a la clínica podológica, recuerda que nos puedes contactar para resolver cualquier duda que te asalte. Nuestro equipo experto encontrará la mejor solución a tu caso concreto.

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